El mito del Plug & Play
Mucha gente cree que imprimir en 3D es darle a un botón. De hecho, los fabricantes venden sus máquinas utilizando reclamos como Plug&Play. Desembalar una impresora, conectarla y poner a imprimir una pieza de prueba se puede hacer en 30 minutos. Sin embargo, una cosa es imprimir y otra conseguir los mejores resultados posibles
En Blart Design Lab, el diseño no termina en la pantalla, empieza en la calibración. Para que nuestros productos tengan el acabado que deseamos, hemos tenido que sacrificar muchas piezas por el camino
El Problema: El acabado estándar no es suficiente
La mayoría de impresoras vienen con unos perfiles de impresión. Éstos incluyen todos los parámetros ajustados para poder imprimir utilizando un determinado material. Además, los fabricantes incluyen también rangos de temperaturas de extrusión y velocidades admisibles para sus filamentos.
Cuando empezamos utilizando los parámetros de impresora y ajustamos también con los parámetros de temperatura que indica la bobina conseguimos un acabado que, sin estar mal, no es lo suficientemente bueno. Esto ocurre porque son valores promedios, no tienen en cuenta nuestro propio diseño; dependiendo de la geometría y de cómo la vayamos a imprimir los parámetros requieren un ajuste fino que provoca grandes cambios en el resultado final.
El Lab en acción
El primer paso para ir más allá de los ajustes standard, es preguntarse qué se necesita conseguir para un determinado producto; pendientes en nuestro caso. La resistencia no es algo crítico, aún así deben asegurar que aguantan su manipulación y colocación sin problema. La velocidad tampoco es un factor determinante, es una pieza pequeña donde la variación de velocidad de impresión y aceleraciones apenas cambia 2 minutos por pieza. Entonces, lo que sí necesitamos en conseguir el mejor acabado posible desde un punto de vista estético, conseguir superficies lisas y uniformes, reducir líneas de capa etc…

En nuestro caso, decidimos hacer iteraciones de parámetros buscando ese punto dulce que permitiese obtener el acabado deseado. Cada par impreso se numeraba con rotulador, para poder comprarlo no solamente en el momento sino después de varias iteraciones. Asi llego la versión 1, la 2, 3 …
Lo primero que ajustamos fueron las temperaturas y las retracciones para solucionar el problema de oozing, son los hilos de material excedente que rezuman de la boquilla y fastidian el acabado de la pieza. Hubo que moverse en el rango bajo de temperatura para el material, en este caso 195ºC, y aumentar tanto la distancia como la velocidad de retracción
Las impresoras cuentan con una funcionalidad que permite mejorar el acabado superficial de las capas superiores: el ironing o planchado. Esta funcionalidad hace que la boquilla caliente pase tocando la capa superior mientras hace un pequeño aporte de material, con el objetivo de lograr una superficie más lisa y homogénea. Fue difícil dar con el mejor ajuste en nuestro caso, porque debíamos hacer lo suficientemente lento, 20mm/s, mientras aumentábamos el flow rate al 18%
Conclusión: El diseño es un proceso vivo
El Lab nunca cierra, es un proceso vivo porque siempre hacemos ajustes finos cuando cambiamos de material o llega un lote nuevo. Los parámetros para obtener el máximo rendimiento no dependen solamente del material a imprimir, la geometría de una pieza es de mucha importancia para una elección de parámetros; siempre deberemos priorizar unas cosas y sacrificar otras. Por ejemplo, en el caso de los pendientes son objetos pequeños y la velocidad podemos sacrificarla para obtener mejores acabados superficiales; cada caso se debe analizar al detalle con sus fortalezas y debilidades
¿Tienes curiosidad por alguna parte del proceso? ¿por algún parámetro en concreto? Déjanos un comentario.
